Todos somos ciegos hasta que nuestros deseos físicos individuales se llenan a capacidad. En ese próximo estado es cuando nace en nosotros otro deseo que nos permite un crecimiento espiritual. Este nuevo desarrollo brinda sentido a lo que no tenía y comprensión a lo que antes no estaba claro. El deseo de llenar nuestras aparentes carencias nos mantiene ciegos ante la belleza de lo que podemos crear con nuestra determinación y potencial. Nuestra ceguera puede ser curada en un instante como también puede tomar toda una vida. La cura depende de lo que realmente le demos importancia. La visión del ciego es alcanzada por un Entendimiento en nuestros deseos mas allá de nuestro alcance físico dirigidos hacia una consideración completa de nuestro entorno. En realidad lo que determina ver o no ver es lo consciente que estemos del proceso y de saber que por nuestra Fe seremos curados.